Si tiene el suficiente valor dramático, por supuesto que puedes meter un velocirraptor en la trama. Faltaría más.

domingo, 18 de agosto de 2019

HADROSAURÓPOLIS - Capítulo 1

Como algunos ya sabéis, estoy escribiendo una novela que mezcla un mundo medieval con dinosaurios. Aún no quiero desvelar muchos detalles de la trama, pero he decidido compartir con vosotros el primer capítulo para que veáis un poco el tono y el ambientillo que podréis encontrar en sus páginas. Espero que os guste :D 

También lo he subido a WATTPAD: https://www.wattpad.com/user/AndoniGarrido


Este es el mapa del mundo, que igual os ayuda a orientaros, aunque todavía está sujeto a cambios. Si queréis estar al tanto de los avances que haga y de movidas de escritura iré comentando cosas en mi twitter: https://twitter.com/OtraHistoriaYT


HADROSAURÓPOLIS - Libro 1
Por Andoni Garrido


CAPÍTULO 1

MAR DE MOSA
Por el cielo despejado de nubes surcó volando un pequeño pájaro de plumaje de colores. Sus llamativos tonos anaranjados y rojos contrastaban con el azul claro del horizonte. A unos pocos metros bajo el ave, se extendía un mar infinito de olas. Agitando rápidamente las alas logró ascender con gran rapidez hacia el cielo, buscando de nuevo un pedazo de continente donde posarse próximamente.
Sin embargo, su misión fue interrumpida cuando un afilado y prolongado pico dentado se acercó a él por detrás. En un instante, casi la totalidad del ave multicolor fue aprisionado entre los afilados dientes del Ornithocheirus, mientras éste volaba ágilmente batiendo sus alas de casi un metro de longitud.
Esta especie de reptil volador era fácilmente identificable por un rasgo que le hacía casi único en la fauna del lugar. Poseía una doble cresta redondeada en la punta de su morro, tanto en el extremo del pico superior como en el inferior. Sus colores claros y poco saturados de color hacían que destacase muy poco a lo lejos, lo que le venía muy bien para acercarse a sus presas y abalanzarse contra ellas sin previo aviso.
Con un hábil movimiento de cabeza y cuello, el Ornithocheirus terminó de engullir a su presa y, cuando ésta hubo desaparecido por su esófago, siguió dirigiendo su mirada hacia las turbias aguas de aquel extenso mar. Tenía hambre y le daba igual si en el menú aparecían más pequeños pájaros o atrevidos peces que nadaban a escasos palmos de la superficie.
Tras unos segundos de espera, sus ojos amarillos avistaron un grupo de peces nadando en formación. El Ornithocheirus detuvo su aleteo y se dejó llevar por el viento para, segundos después, comenzar un progresivo descenso hacia el agua.
Sin embargo, un depredador aún más temible se interpuso en su almuerzo.
Una saeta cortó el aire hasta impactar firmemente contra el cuerpo del reptil volador. La punta de hierro de aquel proyectil se incrustó entre sus costillas, provocándole un doloroso espasmo. Su pico se abrió para dejar escapar un graznido de dolor. La sangre comenzó a brotar y los movimientos del Ornithocheirus se fueron haciendo más torpes y débiles.
Su incontrolado descenso terminó cuando su malherido cuerpo chocó violentamente contra la marejada.

A unos metros de allí, Elora Mayana bajó su ballesta y sonrió con malicia. No siempre atinaba el tiro, y más a una distancia tan lejana, pero hoy había logrado acertar de pleno en su objetivo. Sin duda, pensó, aquello era un buen presagio de lo que estaba por venir.
–Ahorra flechas, Mayana–dijo una voz tras ella–, probablemente las necesitemos todas.
Elora se volteó rápidamente al escuchar a su superior. El almirante Dimus Ejerjis le miraba seriamente mientras se alisaba su barba blanca. La joven soldado sabía que con su almirante no valían ni los chistes ni las excusas, así que se limitó a una disculpa.
–Lo siento, almirante– contestó mientras agachaba el rostro y dejaba que su largo pelo oscuro y rizado taparan parte de su cara.
Dimus Ejerjis se aproximó a ella a paso lento. Aunque ya estaba rozando los setenta, todavía se sentía con fuerzas para comandar su flota en una última batalla. Una batalla que devolvería la gloria perdida al País del Mar. O como ahora se denominaba oficialmente, Imperio del Mar.
Hacía un año que su pequeña república costera había decidido prescindir de los jefes de gobierno electivos para pasar a ser comandados por un valiente general. Para muchos, el único capaz de acabar con los males que aquejaban al país.
Uno de esos males era la extrema desertificación de la zona sur del ahora imperio. Otro, la falta de recursos para ponerse a la altura y competir con otros grandes centros de poder rivales, como el Reino de Beyanca, situado al norte, cerca del borde donde comenzaba la espesa Selva Infinita, y también como la República Gremial de Hadrosia, en plena expansión por el continente y con un desarrollo tecnológico sin parangón.
El último punto, y la razón por la que su flota surcaba aquel Mar de Mosa, era el de recuperar bastiones estratégicos que habían sido conquistados tiempo antes por los hadrosinos.
Uno de esos bastiones era la Fortaleza de Guizora, situada en una pequeña isla del mismo nombre. Junto al Dominio de Ombad y La Garra formaban un pequeño archipiélago justo en el centro del Mar de Mosa. Si lograban hacerse con aquellas tres islas, ahora aliadas de Hadrosia, tendrían una gran base de operaciones desde la que lanzar nuevas expediciones al continente.
Si todo salía bien, claro.


Elora miraba a aquel conflicto con aire positivo. Desde luego, acababa de derribar de un flechazo a un reptil volador bastante escurridizo. Ahora se sentía confiada, con energía. De su interior brotaban unas ganas irrefrenables de luchar, con quien fuera. Dinosaurios o humanos, igual daba.
Pero lo cierto es que le hacía particular ilusión combatir contra un enemigo que supusiera un reto, luchar en un conflicto trascendente. Hasta aquel momento, sus únicas escaramuzas habían tenido lugar en las Guerras Paleoluditas, pequeños conflictos en los que el País del Mar se había aliado con el norteño Reino de Orbos para expulsar a las tribus paleoluditas de las cuevas de la zona.
Aquellas gentes odiaban la tecnología. Sus lanzas de madera y flojos arcos no eran rival para las espadas de hierro y ballestas de Marastir, la capital del Imperio del Mar. Elora sabía que ahora se enfrentaban a un conflicto serio, que podía suponer una guerra. Una guerra que podían ganar… o perder.
Desde luego, el más intranquilo era el almirante Ejerjis. A pesar de su valentía y su experiencia en combate en otros conflictos más antiguos, algo le daba mala espina. Pero las órdenes eran órdenes.
Conquistar la isla de Guizora, ahora gobernada por un líder cazador llamado Guntak Mai, aliado de Hadrosia, no parecía un objetivo muy complicado. Sin embargo, Ejerjis sólo contaba con una flota de doce barcos. Eran buenos navíos, aunque ya se estaban quedando ligeramente anticuados.
Cada uno de estos alargados vehículos marinos medía en torno a veinte metros de longitud y estaban impulsados por dos enormes velas y treinta hombres pedaleando en la planta inferior, muy importante para maniobrar durante los combates. Para estos combates también se hacía fundamental un espolón de hierro macizo con el que embestir todo lo que pillaran por delante. La planta media estaba completamente cerrada por madera a excepción de varias filas de pequeñas ventanas desde la que los ballesteros y arqueros ígneos se colocaban para acribillar a los enemigos del imperio. 
Las tropas y la tecnología de los diferentes señores cazadores independientes de la región no solía ser muy notable, pero su reciente alianza con los hadrosinos era algo que inquietaba las entrañas de Ejerjis.
El almirante miró a Elora con dureza. Era una buena soldado, pero indisciplinada.
–Quiero que te centres –le dijo el almirante–. Estos no son salvajes. No van a espantarse.
–Lo entiendo, almirante. Les machacaremos.
Elora sonrió mientras recargaba la ballesta.
–Eso espero–contestó Ejerjis, pero no parecía muy convencido–. A tu puesto.
–A la orden.
Elora se retiró, cruzó la cubierta del barco y bajó las escaleras para llegar a la planta media del buque.
El almirante Ejerjis miró a los lados con calma. A estribor cinco barcos surcaban las olas a la par, y en babor seis. Tras eso, posó sus ojos hacia el frente. A lo lejos avistó tierra. Una pequeña isla. Estaban cerca de Guizora.

Guntak Mai posó el pincel sobre la pintura de color verde. Con la punta bien impregnada en el pigmento, lo llevó lentamente hacia el lienzo y comenzó a arrastrarlo sobre una capa de pintura ligeramente más oscura.
Aquel bucólico paisaje de la Ensenada, su región de origen, estaba quedando muy realista. Sin embargo, a pesar de la imagen de gran belleza que el líder mercenario había creado, no conseguía igual a la idealización que tenía de su hogar. Se vio incapaz de aproximarse a los recuerdos de su infancia. A aquellos prados verdes y arbolados por los que avanzaban manadas de Parasaurolophus, Anquilosaurios y Pentacerátops.
Quería tener un buen recuerdo de ese lugar, ahora que vivía en mitad del mar, lejos de todo aquello.
Uno de sus acólitos entró agitado en el interior de su salón de pinturas. Era la estancia más amplia de toda la fortaleza de Guizora. Antiguamente, cuando había sido uno de los feudos del País del Mar, no era más que un simple almacén. Ahora todo el cuarto estaba lleno de pinturas. El arte era una de las grandes aficiones de Guntak Mai, pero matar a gente por dinero y conquistar sitios se le daba mejor.
–Señor. Ya vienen. La torre dos acaba de avistarlos por el suroeste.
Guntak Mai dejó de pintar. Se quedó mirando al lienzo unos segundos, suspiró y, viendo que ya había acabado de usar ese tono de verde, dejó el pincel en uno de los botes de agua.
–Tal y como dijeron que pasaría–dijo Guntak para sí.
El líder cazador acompañó a su soldado hasta el exterior. Ambos salieron a una amplia balconada con escaleras de piedra que subían y bajaban alrededor de la fortaleza de la isla.
Ambos miraron hacia el suroeste y pudieron contemplar cómo un grupo de velas de color rojo y verde se acercaban por el horizonte.
–En veinte minutos quiero a toda la flota desplegada–comenzó a ordenarle Guntak al soldado que tenía al lado–. Y enciende el fuego.
El soldado hizo un gesto militar y rápidamente comenzó a correr por el exterior del castillo para prepararlo todo.

Los barcos de los cazadores de Guntak Mai eran bastante más pequeños y compactos que los de sus adversarios. En la planta inferior de cada uno de ellos los soldados pedaleantes comenzaron a impulsar los barcos para alejarlos del muelle de la isla de Guizora, situado justo debajo de la gran fortaleza. La planta media de los navíos poseía una fachada llena de escudos de acero sólo interrumpidos por pequeñas aberturas desde las que se podían observar en el interior a soldados armados con ballestas. Sobre esta planta existía una cubierta en cuyo centro se alzaba una enorme vela de color azul y blanco y el símbolo de los cazadores pintado sobre ella. Se trataba de un círculo con una flecha azul oscuro cruzada diagonalmente.
Finalmente, en cada extremo, popa y proa, se habían construido sendas torres de baja altura coronados con una enorme ballesta fijada al suelo que podía rotar 360 grados.
Uno de los soldados cazadores de menor rango subió rápidamente por las escaleras de la fortaleza hasta el torreón más alto. Abrió la puerta de madera y salió al exterior. Entre las almenas pudo ver, a lo lejos, las naves enemigas del Imperio del Mar acercándose con rapidez. El cazador sabía que quedaba poco tiempo para la llegada de aquella flota, así que decidió no perder ni un segundo más mirando hacia el mar.
Se agachó frente a un grupo de maderas cuidadosamente dispuestas una sobre otra sobre la terraza, y empezó a generar chispas con dos hierros. El viento pegaba fuerte a aquella altura, pero las elevadas paredes de piedra desviaban ligeramente la corriente. En cuestión de segundos surgió una pequeña llama y el fuego empezó a consumir todos los troncos.

Elora Mayana agarraba con fuerza su ballesta. Miraba con impaciencia por la pequeña ventana de su habitáculo en la parte interior del barco del almirante. Sólo veía mar. Bajo las maderas que tenía a sus pies podía escuchar a los pedalecistas impulsando los enormes remos giratorios. Muchos de ellos eran esclavos, aunque también había varios voluntarios o ex soldados con alguna extremidad superior amputada que buscaban colaborar cuanto fuera posible.
En el piso de arriba, en cubierta, el almirante Ejerjis hacía una seña para avisar a los demás capitanes de barcos su primer movimiento.
Los capitanes de los dos barcos más cercanos asintieron y dieron una orden a sus respectivos miembros de tripulación. Entonces, ambos navíos fueron perdiendo progresivamente velocidad hasta salirse completamente de la formación. Una vez detrás de todos los demás barcos, los dos rezagados comenzaron un lento acercamiento el uno al otro mientras aceleraban para lograr ponerse a la par.
Los marineros empezaron a desplegar una serie de cabos para juntar literalmente ambos navíos. Al girar una polea bastante grande situada en el casco, varios de los más fuertes soldados imperiales pusieron en marcha un ingenioso sistema mecánico para desplegar entre las dos naves una gigantesca escalera de asedio de metal. Sabían perfectamente la altura a la que estaba la muralla de la fortaleza más cercana al agua. Ese iba a ser el punto de entrada de sus tropas una vez la zona hubiera sido despejada de los barcos enemigos.

Guntak Mai observó desde una de las almenas del castillo cómo la gran escalera de asedio iba surgiendo por detrás de la formación de barcos enemigos. Sonrió.
De su flota de diez barcos, cuatro de los más pequeños se adelantaron y fueron directamente contra los barcos que se aproximaban. Los seis barcos restantes empezaron a maniobrar de forma pausada hasta avanzar hacia los laterales de la formación enemiga. Iban a intentar rodear a los barcos del imperio.
Para contrarrestar la maniobra de su rival, Dimus Ejerjis tomó la decisión de desplazar a varios de sus barcos más alejados hacia los flancos del campo de batalla marino.
Pasaron cerca de tres minutos hasta que los navíos de un bando y de otro estuvieron lo suficientemente próximos como para empezar el ataque.
En los flancos, soldados de un bando y de otro comenzaron a intercambiar disparos de ballesta desde las pequeñas ventanas de los pisos medios. En cubierta, algunos de los soldados más experimentados prendían de una antorcha las flechas en fuego para, acto seguido, lanzarlas contra el enemigo.
Elora no podía verlo debido a las paredes de su habitáculo, pero por los gritos sabía que alguno de sus compañeros de los habitáculos contiguos había sido herido por alguna flecha. Ella se cubrió tras el parapeto para recargar la ballesta justo cuando una saeta enemiga atravesaba con rapidez la ventana y se clavaba en el suelo del pasillo.
–Joder–exclamó con la respiración entrecortada.
Rápidamente salió del parapeto, buscó un blanco y disparó.

En el piso de arriba, Ejerjis disparaba su ballesta junto al resto de los soldados situados en cubierta. Uno de ellos, armado con un arco compuesto, recogió una flecha ígnea y la prendió fuego con la antorcha más cercana. Observó sin salir del parapeto el barco de los mercenarios antes de efectuar un nuevo disparo. Apuntó a un enemigo que asomaba por uno de los pequeños huecos de la fachada. Tensó el arco y cuando soltó la cuerda la flecha ígnea salió disparada. Por desgracia para el soldado imperial, su tiro impactó contra la protección de escudos de hierro que rodeaba al barco de los cazadores. Lograr colar una flecha de fuego en su interior, donde era débil y lleno de madera que podía prender, sería la mejor forma de deshacerse de uno de ellos. Eso lo sabían bien, pero la teoría era mucho más fácil que la práctica. El soldado imperial se agachó tras los parapetos de cubierta y sacó una nueva flecha de su carcaj.
Mientras tanto, sus enemigos contraatacaban con otras flechas de fuego que también intentaban colar en el interior del barco o contra las velas, pero las flechas ni llegaban tan alto ni era demasiado práctico quemarlas. Algunas flechas ígneas enemigas impactaron en los laterales del barco, y eso sí que era problemático.
–¡Fuego en babor!–gritó uno de los marineros imperiales.
Rápidamente, otros marineros agarraron cubos de agua estratégicamente dispuestos a lo largo de cubierta y, sin exponer su cuerpo, los vertieron por unos pequeños huecos en los parapetos de cubierta. Gracias a ello, los pequeños fuegos causados por las flechas fueron rápidamente sofocados.

Guntak Mai seguía observando la batalla. Esperaba acabar rápido para seguir con su pintura. Los cuatro barcos pequeños avanzaban frontalmente contra el barco del almirante Ejerjis y los barcos que protegían al buque-escalera.

En el centro de la batalla, el barco de Ejerjis maniobró para embestir al primero de los cuatro barcos pequeños que iban directamente hacia ellos. Junto a él, otros tres barcos del imperio usaban la misma estrategia para quitarse de encima a esos enemigos.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Ejerjis observó algo extraño en el barco enemigo que estaba a punto de destruir con su espolón. No había nadie en cubierta. Ningún soldado. Estaba todo desierto.
El impacto fue fortísimo. El hierro del ariete delantero del barco del almirante destrozó el casco de madera de los barcos de los cazadores como si fuera mantequilla. Y mientras su espolón se abría paso a través de la estructura, que se partía en dos mitades, el almirante pudo escuchar el grito de algunos esclavos pedaleantes enemigos buscando salvarse de morir ahogados en el interior.
Ejerjis echó un vistazo desde cubierta y observó a varios de ellos nadando entre una gran mancha de sangre que provenía del interior del barco partido. Se quedó de piedra al darse cuenta de que varios de los compartimentos de aquella nave habían sido atiborrados de carne cruda que ahora caía al mar junto a ellos. Una mancha roja y oscura de sangre comenzó a extenderse entre el oleaje. Había que alejarse de allí pronto.
–Los barcos no tienen soldados, es una distracción–explicó Ejerjis a su timonel.
–Vayamos directos al muro –sugirió el timonel.
Al mismo tiempo, otro de sus barcos embestía a otro enemigo con el mismo resultado. Unos pocos esclavos en su interior, carne y sangre.
–Hijos de puta…–dijo el almirante para sus adentros–, se están riendo de nosotros.
Ejerjis sabía que los cazadores de Guntak estaban buscando aliados para la batalla. Aquella sangre era su llamada a la acción.

En los flancos, los barcos de los cazadores se alejaban por completo de sus presas, dejando a estos vía libre hacia la fortaleza. Aquel movimiento extrañó a los capitanes imperiales.
–¿Qué cojones hacen?–preguntó uno de ellos a su timonel.
–Creo que van hacia la escalera.
La realidad no era exactamente esa. Los barcos enemigos fueron acercándose más y más a la formación central. La escalera era protegida por seis navíos, algunos de los cuales estaban recuperando la formación después de evitar a los dos barcos restantes sin tripulación. Desde luego, no era una buena estrategia ir a por ellos directamente.
Los buques de los cazadores se acercaron a ellos y después viraron hasta ponerse a la par del barco del almirante, pero a varios metros de distancia. Sus soldados subieron hasta las grandes ballestas fijas de las torres de proa y popa y apuntaron a los imperiales con ellas.
Elora pudo ver la situación desde su hueco. Tanto ella como el resto de soldados del lado derecho de su barco comenzó a disparar flechas como si no hubiera un mañana, la gran mayoría apuntando hacia las peligrosas torres. Sin embargo, las grandes ballestas incluían una placa metálica como protección para el operador.
Y en un momento dado, dos flechas por babor, y dos flechas por estribor salieron disparadas hacia los laterales del barco del almirante. Ejerjis sabía que, aunque eran más potentes que las saetas normales, no harían grandes daños al casco del barco, reforzado con doble madera. Los cuatro proyectiles se incrustaron con fuerza en puntos cercanos al nivel de flotación de la nave, pero no atravesaron el casco ni crearon ninguna brecha.
Lo que Ejerjis no sabía es que aquellos proyectiles de hierro no eran normales. Eran auténticas brochetas de un metro de longitud. Los hierros tenían atravesados fragmentos de carne fresca que empezaron a dejar un rastro de sangre por todo el mar.
Y en ese momento, las naves enemigas parecieron comenzar a alejarse.
El timonel del barco del almirante se alegró.
–Parece que vuelven hacia la fortaleza. La distracción les ha salido mal. Han desperdiciado cuatro barcos. Ahora nosotros somos más.
Ejerjis se quedó un momento pensativo y llevó su mirada hacia la fortaleza enemiga. Una gran nube de humo surgía del torreón más alto de la estructura.
–No lo creo.
El almirante se volteó y miró a su retaguardia. Como suponía, les estaban emboscando. Varias naves más se podían observar en el horizonte. Tardarían en llegar, pero acabarían con ellos, sin lugar a dudas. Era muy complicado lograr una victoria en aquellas circunstancias. No eran barcos de Guntak, eso seguro. Podían ser del Dominio de Ombad o de Hadrosaurópolis. Igual daba.
Lo que estaba seguro es que Ejerjis no estaba dispuesto a poner en peligro a sus hombres por una causa perdida.
–Nos retiramos–anunció Ejerjis.
La trompeta de la retirada sonó con fuerza desde la cubierta de la nave principal.
Elora escuchó el sonido desde su habitáculo. No entendía nada. Acababan de hundir dos de los barcos enemigos. Era incapaz de comprender por qué razón tocaba retirarse. Salió al pasillo y vio también a algunos de sus compañeros salir como ella con cara de visible confusión. Sin embargo, no podían subir a cubierta. Sus órdenes eran permanecer en sus puestos.
Pero un imprevisto iba a impedirle cumplir con su misión. Tras sentir un fortísimo impacto en el casco del barco que hizo retumbar toda la estancia, un enorme chorro de agua empezó a brotar de alguno de los cubículos para soldados de proa.
Ahí empezó el caos y la confusión. Todos los soldados de la parte de proa comenzaron a gritar y a correr mientras Elora se quedaba paralizaba junto al pasillo viendo la escena. Se hundían.
Pero la joven se quedó aún más petrificada cuando pudo observar con un terror sin igual cómo una gigantesca mandíbula atestada de dientes surgía a través de la madera del casco y el gran chorro de agua y atrapaba la mitad inferior del cuerpo de uno de sus compañeros. Éste gritó y empezó a intentar zafarse, pero sin éxito. Entre chorros de sangre que surgían por su boca, él y las mandíbulas del reptil desaparecieron entre la fuente de agua.
El lugar se inundaba, pero Elora no conseguía reaccionar.
Uno de sus amigos soldados le agarró del brazo para que fuera con él a la cubierta.
–Elora, vamos. Tenemos que salir de aquí–le dijo su amigo.
Elora salió de su embobamiento y fue con él. Subió con dificultad las escaleras mientras todo el barco se movía de un lado para otro y por fin llegó a cubierta.
Allí pudo ver cómo la proa había desaparecido en las aguas y la popa se alzaba más a cada segundo que pasaba. Los supervivientes se apiñaban en la parte más alta del navío, intentando escapar de aquellos animales que les acechaban atraídos por la sangre que rodeaba al barco.
–¡¡Ayuda!!–empezaron a gritar algunos de sus compañeros.
Uno de los buques aliados se acercó para auxiliarles y empezó a desacelerar cuando estuvo al lado del naufragio. Sin embargo, pronto recibió varios disparos con las grandes flechas envueltas en carne fresca. El barco enemigo escapó con rapidez mientras los soldados aliados le disparaban con todo lo que tenían en sus manos. Y lo cierto es que lograron acertar varias flechas de fuego por una de las ventanas y provocar algún incendio interno. Incluso una de las flechas acabó clavada en el ojo de uno de los operadores de las grandes ballestas.
Una humareda comenzó a surgir por las ventanas de popa de la nave, y ésta comenzó a alejarse con rapidez.
Los imperiales ahora tenía otras cosas de qué preocuparse. El barco aliado lanzó una escalera de cuerdas para rescatar a los supervivientes del naufragio. Algunos marineros se echaron al agua para llegar a ella e intentar ponerse a salvo, pero en ese momento las mandíbulas de un temible Mosasaurio surgieron del profundo océano para acabar con sus vidas.
El Mosasaurio era una criatura monstruosa. Se trataba de un monstruo marino con apariencia de cocodrilo pero con aletas en vez de patas y un tamaño gigantesco. En concreto, aquel espécimen rondaría en torno a los 18 metros de longitud.
Elora contempló incrédula cómo aquella enorme mole de dientes acababa de devorar de un solo bocado a dos de sus compañeros. La chica se quedó agarrada al mástil de popa, sin saber qué hacer. Con una de sus manos agarró la ballesta que tenía colgada del hombro, pero sabía que aquella arma poco iba a hacer contra ese reptil de los mares. Comprendió de pronto por qué aquel mar se llamaba Mar de Mosa.
De pronto algo le agarró por detrás. Elora se asustó como nunca antes lo había estado. Se giró y vio a Ejerjis.
–Tienes que salir de aquí. Rápido. Ve al otro barco–le ordenó.
Elora asintió, pero no quería dejarle allí. Vio cómo el anciano desenfundaba su espada y se acercaba al agua. No sabía que intentaba hacer. Seguramente sabría que no había muchas posibilidades de salir con vida y querría morir con su barco.
La soldado colocó un pie sobre el parapeto de cubierta y se impulsó para alzarse por encima. Miró el mar con intención de saltar a él. A solo unos metros estaba la escalera de cuerdas del barco aliado. Algunos soldados ya estaba subiendo, pero con gran descontrol.
Y justo en el momento en el que Elora estaba a punto de lanzarse, las mandíbulas de otro Mosasaurio surgieron del agua y chocaron contra la escalera y el casco del barco aliado. Varios de los soldados que subían perdieron el equilibrio y cayeron en la boca del coloso acuático. Sus mandíbulas se cerraron con fuerza atrapando a aquellos pobres desgraciados. Elora pudo escuchar sus gritos en el interior de la bestia y ver algunos de sus extremidades asomando por entre sus dientes. Luego aquella enorme cabeza se hundió otra vez en el océano.
Elora estaba paralizada por el terror. Se quedó completamente quieta. Se le habían quitado las ganas de saltar. De hecho, algunos de sus compañeros que se encontraban en el agua, comenzaron a nadar como locos alejándose del barco aliado para volver al naufragio.
Era un movimiento desesperado, ya que en menos de un minuto todos estarían de nuevo en el agua porque la cubierta se habría hundido por completo.
Para complicar más las cosas, otro Mosasaurio apareció en la zona atraído por la sangre y comenzó a atacar al barco aliado. Con un fuerte golpe, abrió una grieta en su casco, justo en el punto donde estaba la brocheta metálica de carne.
Sus tripulantes apuntaron desde la cubierta al animal y lanzaron todas las flechas que pudieron contra él. La cosa funcionó, pero el daño en la estructura ya estaba hecho.
La chica contemplaba el espectáculo mientras el agua comenzaba a llegarle por las rodillas.
Se giró al escuchar un rugido proveniente de la desaparecida proa. La cabeza de otra de las criaturas emergió con fuerza hasta posarse con la boca completamente abierta sobre la cubierta semi hundida. Algunos de los soldados que se acumulaban en la única parte del navío que continuaba en la superficie fueron lanzados hacia los dientes del animal. Elora también fue propulsada por el impacto, pero afortunadamente para ella, al estar en uno de los bordes, acabó cayendo al agua junto al cuerpo del reptil.

Elora abrió los ojos bajo el agua. Todo era azul. Ya no escuchaba gritos ni lamentos. Por unos segundos sitió gran paz.
Cerca de ella vio un cuerpo bajo el agua moviendo los brazos y las piernas, tratando de salir a la superficie. Le reconoció por su pelo blanco. Era el almirante Ejerjis.
Elora trató de llamarle, pero lo único que logró fue dejar escapar el oxígeno que tenía en su boca en una ristra de burbujas. Pero Ejerjis se giró y miró a la joven. Su rostro asustado cambió. Y sin saber de si se trataba de una ensoñación o algo parecido, a la joven le pareció que Ejerjis le dedicó una sonrisa. Una sonrisa sincera pero triste. Aquel era el fin.
Ambos movieron los brazos para acercarse el uno al otro. Y cuando estuvieron casi a punto de tocarse uno de los mosasaurios pasó rápidamente frente a ella.
Fue como un rayo. Cuando Elora volvió a mirar Ejerjis, éste ya no existía. Algunos de sus pedazos flotaban entre una gran humareda de sangre.

A la soldado no le quedaba mucho oxígeno en su interior, pero aún así, abrió la boca y gritó.

32 comentarios:

  1. Está exelente👌. Cuando subes la historia del Japón feudal❓

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  2. Me gustó mucho, espero noticias de la continuación. Gran trabajo.

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  3. Esta muy bueno, me recordó a dinotopia

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  4. Me gusto el personaje de Ejerjis pero tengo algunos problemas con el, si es un curtido almirante de guerras pasadas de un país de navegantes, como no supo lo que iba a pasar con los bichos gigantes después de ver que los barcos tenían carne, era claricismo, al principio pensé que explotarían o algo pero me gusto el giro de llamar a los monstruos, creo alguien curtido en batalla no reaccionaria tan a lo loco,tambien entendi mal o algo pero nunca vicuantos barcos tenia el almirante Ejerjis a su cargo creo que es vital tener alguna idea de cuantos barcos llebaba al asalto y de cuantos soldados habian por bando, por ultimo me parecio raro que los salvajes, son estilo otro hominido o son humanos, porque no entiendo como pueden haber salvajes con armas de piedra y otros con ballestas y armas de hierro, quisas leí mal o algo, si fueran estilo nómadas lo entendería, quisas si supiera algo de su trasfondo podría entenderlos mejor, es el primer capitulo después de todo, ojala te sirva de algo estas criticas, me gusto mucho.

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    1. lo relei y encontre las descripciones de los barcos

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    2. al leerlo entendí Ejerjis tenia 12 barcos, y los otros 10, lo del mar, también me pico, pero, is jamas ha ido alli...(igual, puede ser una estrategia militar, me explico, mandas al almirante viejo y con barcos anticuados a x sitio y mientras esa zona recibe refuerzos tu efectuamos el autentico ataque en otra zona; si es una canallada, pero es lo que se me ocurre.igual en otros capítulos puede ser explicado. Lo de no haber cuantos soldados y esclavos tenia cada barco, si, hubiera estado bien.

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    3. lo de Ejerjis y no saber puede ser explicado como que jamas estuvo en ese mar; oh, fue todo parte de una canallada; me explico;no le dijeron nada y le enviaron con pocos barcos (12 el y 10 los del dominio) siendo barcos que se estaban quedando atrás en tecnologia para, atraer refuerzos a la zona y que el autentico ataque a otra zona comience con un ejercito más fuerte y con menos problemas; es sucio y cruel, pero, es una estrategia, lo que no se es que Edad tiene Elora.

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    4. mmm. si le prestas atención, si se da cuenta que algo malo pasará, pero pasa muy poco tiempo hasta que ocurre, pues el combate a lo mucho duró una media hora por lo que se entiende.

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  5. Muy buena lectura, atrapante este mundo

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  6. Joder... Gran inició... Quiero leer ya el segundo capitulo

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  7. Genial te felicitó muy buen comienzo éxitos!!!!!!!

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  8. eMe esta gustando bastante aunque la historia la subiras asi o sacaras algún libro por que realmente me esta gustando mucho y algo que agrega mucho valor es el que introduzcas los dinosaurios ya que pocas historias o cuantos, bueno pocos libros introducen a estos animales.

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  9. Me quede picado. Necesito contactarte para platicar un proyecto para difundir tu trabajo, tanto de novelas como de historia. Saludos.

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  10. I like it. Me quedo con las ganas de saber que pasará con Elora. Vivirá? Si? No? Hay tantas preguntas...

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  11. un gran comienzo pero tengo una pregunta ¿todos los lugares del mapa tienen importancia? hay un monton, parece juego de tronos

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  12. La verdad tenia mis dudas pero me convencio muchisimo. Con ganas de ver a donde llega esta historia

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  13. Ante todo, muy buen relato. Me ha gustado mucho el trasfondo, muy presente a través de la mención a los pasos previos a la historia, reinos y lugares. También me ha sorprendido gratamente el "malo" con su pintura; un modo refrescante de darle personalidad.
    Ahora las pegas, si me las permites. Creo que el lenguaje no encaja con el marco de la historia. Me cuentas una batalla naval con gran detalle sobre la estrategia, los barcos, los soldados, pero "disparan como si no hubiera un mañana". Me parece que el lenguaje es demasiado coloquial y me arranca de la lectura y de la gran batalla. Por otro lado, aunque esto ya es algo "tiquismiquis" es la descripción de los dinosaurios. Cualquier que lea una novela "medieval con dinosaurios" seguramente sabe que es un mosasaurio y una claymore. Creo que la descripción ha de ser desde un punto de vista más ¿vivo? y no educativo. Tal vez dar por sentado que el lector sabe que un mosasaurio no posee patas, sino aletas y pasar a describir las enormes cicatrices del animal, de combates contra hombres y otros monstruos del fondo marino.
    Bueno un saludo, espero no ser pedante y que te sirva =)

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    1. Me ha encantado el relato, pero estoy de acuerdo contigo en una cosa. Si ambientamos la historia en una época de fantasía medieval, los animales deberían tener nombres más sencillos e ir dando pistas sobre ellos y de cuáles son en concreto a través de sus descripciones, como hizo con los dientes del mosasaurio.

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    2. Cuidado con lo de los nombres de los dinosaurios, ya hay un libro que hace eso y al final todos tienrn su nombre científico y uno inventado que nunca usan porque el lector no sabe cuál es cual, prefiero que lo deje tal y como está

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    3. Supongo que la frase "disparar como si no hubiera un mañana" se podría cambiar con un fuego a discreción apurado y desordenado pero o términos aun mas técnicos de lo militar, eso estaría bien si la historia se contara desde el punto de vista del almirante, pero como es desde el punto de visita de una soldado indisciplinada, no lo veo mal.

      Coincido en lo de explicar y detallar al dinosaurio como si nadie supiera de el, y ya después arrojar el nombre científico, lo de tener otro nombre los dinosaurios creo que solo seria practico contracciones de sus nombres, así como lo hace el autor, decir los mosas en lugar mosasaurios. otro buen recurso serian apodos para la especie según su reputación en la zona como demonios de los pastizales, glotones de arboles, rey del rio, quijadas nocturnas, destripadores voraces, Plaga alada.

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  14. Un universo lleno de posibilidades

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  15. Es bastante bueno.
    La verdad es realmente entretenido leer un contenido con reptiles gigantes y humanos medievales congenian entre sí.
    Lo único a destacar que se puede tornar como negativo, es la descripción y la prosa en el texto. Se puede denotar que, en ciertas escenas del capítulo, se esperan más descripciones y tal vez algo más neutro.
    Por neutro me refiero al cambio entre esa forma tan estrategica de hablar, algo así como la descripcion de las poseciones de los barcos no va con el de acciones más simples.
    Tambien describir el mosasaurio con alto detalle, pues, para algunos que son apacionados por el arte tan prehistorico, no tendrán problema en asimilar la forma de tremenda criatura marítima, pero para otros que son nuevos en dicho tema, y que a lo mejor vienen de sagas tan descriptivas que da miedo la apariencia del "malo" de la novela, desearían conocer a fondo lo mayor posible, tanto de animales como de personajes.
    Y como último a destacar, esto ya es más subjetivo y espectativa personal, espero ver un trasfondo cautivador en el señor de la fortaleza, puesto que, aunque se pueda describir como el malo, un autor de tu calibre que ha conocido bastante de la historia humana, no creo que valla a tachar de malo a alguien, puesto que "el malo, solo es malo ante sus enemigos, ante sus amigos, no es nada más que el bueno".

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  16. Mi única queja al texto que cumple como un buen capítulo uno y me deja con ganas de mas, es el titulo; ¿hadrosaurupolis?¿es definitivo o provisional?

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  17. Muy bueno, me ha gustado mucho

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  18. buenísimo.
    con esta introducción ya te atrapa y te invita a seguir explorando este nuevo mundo que se presenta.
    felicitaciones.

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  19. Solo tienes el capitulo 1 escrito o es la muestra Gratis?

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  20. No está mal .... pero tu habilidad te traiciona :
    Caes en lo densamente descriptivo y se hace de lectura tediosa y quita ritmo una descripción tan detallada .
    Lo bueno : es que he visto tantos vídeos tuyos que lo leo con tu voz XD.
    Lo Malo: Es que tu habilidad te conduce a lo hábil y esto debería ser siempre al revés . Cambia eso y llegarás a mas personas .

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  21. Un buen proyecto, las novelas de aventura fantástica, rara vez tienen buenos elementos de estrategia militar, los dinosaurios le dan ese toque fresco que no esta sobrexplotado, sera genial leer como los dinos son usados como caballería, acorazados, torres de arqueria andantes, escaleras, arietes, como perros de caza, Kamikazes explosivos, estampidas, guardianes de puertas y pasillos y en especial tu estilo como trampas de tantos tipos hay mucho potencial para que el fuerte de esta historia sea lo militar mas que la aventura o la fantacia.

    Se que no son de la misma época, los dinos y los insectos gigantes, pero estaría genial que también coexistieran, claro esos segundos como alimañas secundarias para agregar mas variedad a las selvas o montañas rocosas.

    Mucho Exito es tu proyecto.

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  22. Me gustó lo que leí del primero capítulo; suena interesante y creo que tiene mucho potencial. Pero tengo una duda: ¿por qué ese nombre? es decir, no es como si las grandes civilizaciones de la historia que debieron parte de su progreso a animales como los caballos o los camellos hayan nombrado ciudades en su honor ¿o sí? Sólo es curiosidad.

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